Al rededor de los 65
años comienza el estado de la vejez.
Esta etapa tiende a considerarse
como desagradable y sin valores positivos significativos. Pues es
aquí donde afloran los problemas de la salud, se cree que no hay
posibilidad de disfrute; se mira la vejez como una época de demasiada calma que
asusta a adolescentes y adultos
jóvenes.
Recordemos que el
hombre no vive jamás en estado de naturaleza; en su vejez, como en cualquier
edad su condición le es impuesta por la sociedad a la que pertenece; es decir,
la sociedad asigna al anciano su lugar y su papel teniendo en cuenta su
idiosincrasia individual, su
experiencia. Por ejemplo, nuestra
sociedad no permite a muchos de sus ancianos vivir sus últimos años en forma
positiva. No respetamos a las personas mayores por su sabiduría y experiencia y
en cambio subvaloramos sus ideas como pasadas de moda e irrelevantes. Simone de Beavoir dice: “Si los viejos manifiestan los mismos
deseos, los mismos sentimientos, las mismas reivindicaciones que los jóvenes,
causan escándalo; en ellos el amor, los celos parecen odiosos o ridículos; la
sexualidad, repugnante; la violencia, irrisoria. Deben dar ejemplo de todas las virtudes. Ante todo se les exige serenidad; se afirma
que la poseen, lo cual autoriza a desinteresarse de su desventura. La imagen sublimada que se propone de ellos
es la del sabio aureolado de pelo blanco, rico en experiencia y venerable, que
domina desde muy arriba la condición humana, si se apartan de ella, caen por
debajo; la imagen que se opone a la primera es la del viejo loco que chochea,
dice desatinos y es el hazmerreír de los niños...”. (De Beauvoir, 1983, p. 10) 74
No se le permite al
viejo utilizar productivamente sus habilidades, sino que se le fuerza a
jubilarse cuando aún están ansiosos por trabajar y son capaces de hacerlo. No se les apoya económicamente, se permite
que se consuman en un estado de pobreza que quebranta el espíritu. Se acepta la enfermedad como parte inevitable
de la vejez y se consideran irreversibles muchas condiciones patológicas.
A diferencia de la
nuestra, hay otras culturas que en cambio, tienen al viejo en un lugar
privilegiado, pues su experiencia, su sabiduría y los conocimientos que ha
adquirido durante toda su vida, sirven de base para guiar y orientar a los
miembros de la comunidad y muchas veces para dirigir los destinos de la
misma. El viejo es allí, el ser de mayor
status, el ser más querido y el mas respetado.

Es necesario
entonces, cambiar la actitud frente a esta etapa de la vida, pues el
envejecimiento satisfactorio es posible.
Muchas personas viven en forma positiva la última etapa de la vida. Cada familia debe comenzar a valorar más a
sus viejos, brindarles amor, cariño y hacerles sentir que son muy importantes
para sus vidas. Nuestra misión como sociedad consiste en descubrir los
ingredientes de un envejecimiento satisfactorio y reorganizar entonces nuestro
pensamiento y nuestras estructuras sociales de modo que podamos estimular una
forma satisfactoria de envejecer para nosotros.
