miércoles, 10 de abril de 2013

VEJEZ









Al rededor de los 65 años comienza el estado de la vejez.  Esta etapa tiende a  considerarse como desagradable y sin valores positivos significativos.  Pues es  aquí donde afloran los problemas de la salud, se cree que no hay posibilidad de disfrute; se mira la vejez como una época de demasiada calma que asusta a  adolescentes y adultos jóvenes. 
Recordemos que el hombre no vive jamás en estado de naturaleza; en su vejez, como en cualquier edad su condición le es impuesta por la sociedad a la que pertenece; es decir, la sociedad asigna al anciano su lugar y su papel teniendo en cuenta su idiosincrasia individual,  su experiencia.  Por ejemplo, nuestra sociedad no permite a muchos de sus ancianos vivir sus últimos años en forma positiva.  No respetamos a las personas mayores por su sabiduría y experiencia y en cambio subvaloramos sus ideas como pasadas de moda e irrelevantes.  Simone de Beavoir  dice: “Si los viejos manifiestan los mismos deseos, los mismos sentimientos, las mismas reivindicaciones que los jóvenes, causan escándalo; en ellos el amor, los celos parecen odiosos o ridículos; la sexualidad, repugnante; la violencia, irrisoria.  Deben dar ejemplo de todas las virtudes.  Ante todo se les exige serenidad; se afirma que la poseen, lo cual autoriza a desinteresarse de su desventura.  La imagen sublimada que se propone de ellos es la del sabio aureolado de pelo blanco, rico en experiencia y venerable, que domina desde muy arriba la condición humana, si se apartan de ella, caen por debajo; la imagen que se opone a la primera es la del viejo loco que chochea, dice desatinos y es el hazmerreír de los niños...”.  (De Beauvoir, 1983,  p. 10) 74
No se le permite al viejo utilizar productivamente sus habilidades, sino que se le fuerza a jubilarse cuando aún están ansiosos por trabajar y son capaces de hacerlo.  No se les apoya económicamente, se permite que se consuman en un estado de pobreza que quebranta el espíritu.  Se acepta la enfermedad como parte inevitable de la vejez y se consideran irreversibles muchas condiciones patológicas.
A diferencia de la nuestra, hay otras culturas que en cambio, tienen al viejo en un lugar privilegiado, pues su experiencia, su sabiduría y los conocimientos que ha adquirido durante toda su vida, sirven de base para guiar y orientar a los miembros de la comunidad y muchas veces para dirigir los destinos de la misma.  El viejo es allí, el ser de mayor status, el ser más querido y el mas respetado.
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Es necesario entonces, cambiar la actitud frente a esta etapa de la vida, pues el envejecimiento satisfactorio es posible.  Muchas personas viven en forma positiva la última etapa de la vida.  Cada familia debe comenzar a valorar más a sus viejos, brindarles amor, cariño y hacerles sentir que son muy importantes para sus vidas. Nuestra misión como sociedad consiste en descubrir los ingredientes de un envejecimiento satisfactorio y reorganizar entonces nuestro pensamiento y nuestras estructuras sociales de modo que podamos estimular una forma satisfactoria de envejecer para nosotros.

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