“Nada
nos hace envejecer con más rapidez que el pensar incesantemente en que nos
hacemos viejos.”
VEJEZ
Existe una vejez funcional que utiliza viejo
como sinónimo de incapaz o limitado. Esto es erróneo pues la vejez no significa
incapacidad y hay que luchar con la idea de que el anciano es funcionalmente
limitado.
EDITORIAL
La etapa final de la
vida, conocida también como tercera edad, se inicia aproximadamente a los 60
años. Se caracteriza por una creciente disminución de las fuerzas físicas, lo
que, a su vez, ocasiona en la mayoría una sensible y progresiva baja de las
cualidades de su actividad mental.
Por esta razón, una
vejez plena de sentido es aquella en la que predomina una actitud contemplativa
y reflexiva, reconciliándose con sus logros y fracasos, y con sus defectos. Se
debe lograr la aceptación de uno mismo y aprender a disfrutar de los placeres
que esta etapa brinda. Entonces, recuerde: hay que prepararse activamente para
envejecer, para poder enfrentar la muerte sin temor, como algo natural, como
parte del ciclo vital. Este espacio de reflexión conduce hacia parámetros
reales a tener en cuenta para afrontar esta nueva etapa de la vida no como la
decadencia sino como un cambio necesario que además de biológico tiene unas
características propias.
Lo que
peyorativamente se conoce como la época de la disminución de posibilidades
mentales y físicas, abre un mundo absolutamente enriquecedor como lo es el
contemplativo de las cosas verdaderamente importantes donde el ego cede su
papel frente a los valores.
Como lo dijo Facundo
Cabral es su monólogo “no estás deprimido, estás distraído”, mucho han sacado
el mejor provecho de la vida, y han logrado sus mejores papeles en la tercera
edad.
Y sigue aplicando la
máxima de Henry Ford: “si crees que puede hacerlo o si crees que no puedes
hacer, en ambos casos tendrás razón”, muy compatible con dicho derivados de la
PNL: “si lo crees lo creas”.

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